Esta mañana justo antes de irme a trabajar, Leela se empezó a quejar de una de las patas traseras, se arrastraba por el suelo sin dejar de gemir y cuando hemos intentado levantarla se le doblaba la pata como si no pudiera soportar su peso.Como no había saltado de ningún sitio ni había razón alguna para que le pasara algo así, nos hemos asustado bastante y hemos llamado al teléfono que nos dió el veterinario para las urgencias.
Nos han dicho que la podíamos llevar a una clínica de urgencias en Barcelona o que podíamos esperar hasta que abrieran ellos la consulta.
Como la perra ya no se quejaba, aunque seguía caminando mal y apoyando poco peso en la pata lastimada, hemos esperado a que abriera nuestro veterinario que al menos ya la conoce y está cerca de casa.
Después de un exámen riguroso, el veterinario no ha encontrado indicios de inflamación y además para entonces Leela ya había comenzado a andar bien, como si prácticamente nada le hubiera sucedido.
Todo ha quedado en un susto por suerte.












