Este libro está basado en hechos reales y la historia comienza el 29 de junio de 1860 cuando en la mansión de la familia Kent en Road, un pueblo del centro de Inglaterra, la niñera Elisabeth Gould descubre que fue a la cuna del pequeño Saville (el benjamín de la familia) está vacía.
Todas las puertas se cerraban por las noches en la casa de los Kent donde dormían doce personas además del pequeño Saville, así que su desaparición es todo un misterio.
Se inicia una búsqueda desesperada que concluye al encontrar el cuerpecito del niño degollado con saña y abandonado en el retrete del servicio.
Un espacio cerrado. Muchos seres humanos con motivos para asesinar y vengarse. La segunda mujer. Los hijos del primer matrimonio. ¿Un lío de faldas del señor Kent con su nueva sirvienta?
El misterio estaba servido y la sociedad victoriana siguió la investigación del caso con creciente interés como más truculento se volvía.
La autora aprovecha la coincidencia del asesinato con los primeros pasos de la ciencia detectivesca para alternar episodios en que se explica la influencia y fascinación que despertaron los investigadores en la época victoriana y mostrarnos sus métodos, basados más en la intuición y el análisis del comportamiento humano que no en laboratorios y huellas dactilares.
También podemos encontrar muchas referencias a cómo los escritores de la época empezaban a representar las figuras de los detectives en su literatura y a cómo la sociedad inglesa casi prefería las figuras de ficción a las reales a las que exigian la misma efectividad que a sus imaginarios equivalentes.
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