No había  leído nunca nada de Juan José Millás, ni siquiera alguna de sus columnas de los viernes en El País y este año por Sant Jordi, acompañando a mi encargo de “El juego del ángel” mi madre (o más bien el dependiente del quiosko) decidió sorprenderme con el último ganador del Premio Planeta (que seguramente se entiende como garantía de buena literatura).

El caso es que yo tradicionalmente sólo leo novela de ficción, normalmente no leo cosas como esta y me ha sorprendido gratamente.

Este libro según explica el autor en la contraportada es el resultado de un reportaje que le encargaron sobre él mismo y que no pudo condensar en un relato corto, si no que le salió una novela.

Eso es algo de lo que más me ha sorprendido de su narración, la reiteración de que en su experiencia como escritor concluye en que no es él el que controla la naturaleza o la extensión de sus escritos si no más bien ellos a él.

El libro es un recorrido a través de la infancia del escritor, una infancia complicada pues al ser uno de los hermanos intermedios de los nueve hijos que tenían sus padres uno se tiene que sentir bastante ignorado.

Millás nos narra experiencias esotéricas y extrañas que me llevan a pensar que uno nace escritor y no se hace, porque lo que pensaba o deducía este hombre de crio era de lo más extraño.

Lo peor del libro es que va relacionando muchos de los episodios que narra con otros libros que ha escrito, que partieron de ideas o hechos de esa época y al no haberlos leído creo que me he perdido parte del significado completo.

Sigo prefiriendo mis libros de novelas policíacas o históricas porque los de este tipo me hacen pensar demasiado,jeje, pero no está mal para variar.