Ayer se inauguró en Barcelona una exposición perfecta para todos los amantes de cualquiera de las versiones de CSI y similares.

La exposición “Asesinato en el museo” que alberga el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona permite al visitante ponerse en la piel de un policía científico para resolver un asesinato a través de un minucioso recorrido por las distintas técnicas de investigación criminológica.

Tras una estancia exitosa en Bruselas, esta exposición llega a Barcelona desde donde se trasladará a París, Londres y Helsinki.

Nada más entrar en la muestra, una pantalla gigante emite una conexión televisiva “en directo” en la que una reportera informa, a pie del propio edificio, de que la señora de la limpieza ha hallado muerto en su despacho al director del museo, con evidentes signos de violencia.

¿Quién ha sido el asesino? Ésta es la pregunta que tendrá que responder el visitante, que dispone de un cuestionario para guiarse en su investigación y orientarse para recabar las pruebas que aporta la investigación criminológica.

La primera misión del novel investigador pasa por revisar a fondo el escenario del crimen -el despacho del director-, que aparece acordonado con cinta de los Mossos d’Esquadra y en el que se puede ver la silueta de un cadáver en el suelo, una silla tumbada, y una mesita con dos tazas de té y dos pastelitos mordisqueados.

Seis son los sospechosos de haber asesinado al director: el taxidermista, la secretaria, el anticuario, la señora de la limpieza, el director de un museo extranjero y el contable-conserje.

A partir de ahí, todo queda en manos del visitante, que puede recorrer las distintas fases de una investigación criminal para plantear sus propias hipótesis y a la vez descubrir los entresijos de las unidades criminológicas.

En cada una de las salas de investigación criminal se explica su funcionamiento técnico -por ejemplo, cómo se determina el día de la muerte a través de las larvas de insectos del cadáver-, y se detallan los resultados de las pruebas practicadas en relación con el crimen del director del museo, para que el visitante tome buena nota.

En la sala de medicina forense, con la ayuda de un cadáver de plástico, se puede determinar el día y la causa de la muerte, mientras que en la de odontología forense se puede hacer una criba de sospechosos, ya que se sabe, por la forma de la boca y de los dientes, quién pudo haber mordido y quién no las tartas.

También se tiene información sobre quién estuvo en el despacho, gracias al estudio de las pisadas de zapato y de las huellas dactilares en las tazas o el mobiliario, mientras que las pruebas de balística permiten descartar el suicidio, al determinar la trayectoria de la bala asesina.

Los restos de ADN hallados en el escenario del crimen, ya sea en saliva, sangre o cabellos, el estudio de fibras y microfibras y el interrogatorio de los seis sospechosos, ayudan al visitante, si se ha fijado en todos los detalles, a atar cabos y centrarse en sólo tres de los supuestos autores del crimen.

El visitante puede retroceder al punto de la investigación que desee para dilucidar sus dudas y lanzar su acusación contra un único sospechoso y hacer público su veredicto, que queda fijado en un panel en el que se recogen cuántas personas han apostado por cada uno de los principales acusados.

Una vez elaborado su dictamen, el visitante puede oír de boca de un inspector jefe virtual quién es el asesino, para saber si ha acertado, y contemplar en una pantalla la reproducción del crimen.

Una especie de Cluedo real que sin duda puede resultar bastante entretenido y que una vez consultadas las tarifas, ya estoy pensando en visitar.

¿Alguien se apunta?

Vía : La Vanguardia.