Acaba mi penúltima semana en esta empresa.

El viernes que viene a estas horas estaré contando las horas que quedarán para una merecida semanita de descanso vacacional antes de incorporarme al nuevo puesto. Soy consciente de que no la disfrutaré demasiado con los nervios pre-incorporación, que en mi caso siempre son considerables, pero era esto o nada.

Esta semana ya se ha ido enterando todo el mundo por aquí de que me voy y sólo las personas que directamente se ven perjudicadas con mi marcha ( ahora tendrán que buscar otr@ tont@ que embaucar para que ocupe este puesto indeterminado y difuso) han reaccionado negativamente.

Por parte del resto de compañeros las palabras más repetidas han sido “haces bien” y “es normal”, así que me reconforta la idea de que a nadie le haya sorprendido mucho.

Lo que sí les ha sorprendido es la brevedad de mi paso por la empresa, porque voy a cumplir escasamente los 10 meses en plantilla (y a mí se me ha hecho eterno…), pero eso sólo ha sido cuestión de suerte, de que me surgiera una alternativa tan deprisa.

Y es que en esta empresa la antigüedad media de los empleados es de 20 años (aprox. tampoco es que haya hecho el estudio completo,jeje). Para la mayoría fue su primer trabajo y a día de hoy el único, así que supongo que es normal que se sorprendan de que alguien pueda irse tan pronto.

Pero yo sí de algo tengo fama es de impaciente y aunque a priori me pintaron este empleo como una ocasión única y empecé muy ilusionada, no tardé en darme cuenta de que me habían vuelto a vender la moto. Y después de derrumbarme un poquito, decidí centrarme en ponerle remedio.

Y eso espero haber hecho… Ya veremos, porque ya no me fio mucho de mis impresiones preliminares,jeje.