Los Hoover son una familia conflictiva: el abuelo consiguió que lo expulsaran de una residencia por sus pruebas con drogas, el padre da cursos sobre el éxito con estrepitoso fracaso, el tío se recupera de un suicidio frustrado al ser abandonado por su novio y relegado en su trabajo, el hijo adolescente lee a Nietzsche y se niega a hablar porque odia al resto del mundo, la hija pequeña, Olive, gafotas y ligeramente gordinflona, está obsesionada con los concursos de talentos y la madre tira adelante como puede con todo este cuadro.
Cuando un golpe de suerte lleva a Olive a ser invitada a participar en el muy competitivo concurso de ‘Pequeña Miss Sunshine’ en California, toda la familia Hoover parte hacía allí aunque no todos lo hacen de muy buena gana.
Se apilan en su oxidada furgoneta Volkswagen y se dirigen hacia el Oeste en un trágicómico periplo de tres días lleno de locas sorpresas que les lleva al gran debut de Olive, el cual cambiará a esta familia de inadaptados de una forma que nunca hubieran imaginado.
Me he reido como hacía tiempo que ninguna película lo conseguía. Los personajes me han parecido maravillosos y extremadamente carismáticos, evidentemente es muy exagerado que se reunan todos en una misma familia pero no podemos olvidar que es ficción.