Eterna
Recuerdo el día en el que me susurraste al oído, “sé cómo yo quiero que seas, y todo el mundo te admirará”, yo tonta te hice caso y nunca pensé que mi deseo se convertiría en mi maldición, ya que te perdí, aunque tú ya sabias que eso sucedería y te aseguraste de ocultármelo.
Sé lo que pensarás allá donde estés, que yo no era nada cuando me conociste, que ni en mis mayores sueños podía imaginar llegar donde he llegado, es cierto, sí, no era nada, pero también estuve sola mucho tiempo, olvidada y rota.
Aunque no espero tu regreso, y no confío ni siquiera en verte, la eternidad tiene un precio muy alto, precio que tú pagaste y yo acepté de buen grado, no me arrepiento.
Sólo espero que tu último pensamiento haya sido mío, que del último aliento que exhalara tu boca saliera mi nombre, que tus manos viejas y rugosas aún guardaran mi forma.
Hoy sólo me queda el frío, ya me he acostumbrado a las miradas de asombro de la gente, a los flashes de sus aparatos, a los dibujos, a las risas, a la exposición pública, sólo echo de menos el calor de tu cuerpo junto al mío, tus susurros mientras me hablabas para que nadie te viera hablar conmigo y tu orgullo reflejado en tu rostro cuando me viste realizada.
Tú, mi anónimo creador, que conseguiste sacar de la piedra una vida, que recibiste tus mayores aplausos a través de mí, que me hiciste eterna, sólo quiero que sepas que te echo de menos, que me siento sola, terriblemente sola, pero tan afortunada……….Gracias.








Entradas relacionadas
1 lector ha dejado su comentario
Interesante… aunque no debería haber descubierto tan abiertamente que era una estatua, sino dejar que lo adivináramos… o que cada un pensase lo que quisiera.
DEJAR UN COMENTARIO