Dos activistas de la organización ecologista AnimaNaturalis se manifestaron ayer contra la experimentación en animales en Las Ramblas de Barcelona untándose crema solar ensangrentada por el cuerpo.

En el manifiesto de la organización se especifica que anualmente, “millones de animales son sometidos, en vivo, a todo tipo de pruebas para productos cosméticos, de higiene personal y de limpieza”.

Admiten que “el número de animales usados para este tipo de pruebas ha disminuido respecto a años anteriores”, pero reivindican el uso de métodos alternativos, ya que son “incluso más rentables económicamente”.

Con esta acción AnimaNaturalis pretendía llamar la atención al consumidor, ya que cada vez que compra, éste “puede ayudar a los animales”, ya que según los miembros de esta organización “existen en el mercado muchos productos que no experimentan en animales pero que son igual de fiables, y de calidad”.

Este es uno de esos temas donde me cuesta posicionarme.

Aunque he trabajado en un laboratorio de detergencia, por suerte, nunca me he visto en la tesitura personal de tener que experimentar con animales. Pero sí que he hecho pruebas de la capacidad desinfectante de diferentes sustancias sobre colonias de bacterias, que no dejan de ser organismos vivos, pero a los que no defiende nadie.

¿Quién pone el límite de tamaño del ser vivo que merece que lo defiendan de este tipo de experimentos?

Tengo una amiga que se doctoró en Bioquímica que sí tuvo que hacerlo (con ratones) y cuando yo le expresaba mi repulsión hacia esas prácticas, ella argumentaba que es necesario y que te acabas acostumbrando. Que la evolución de los efectos de cualquier sustancia o enfermedad se debe investigar sobre un organismo vivo, porque es la única manera de reproducir lo que le pasaría al otro organismo vivo que se pretende proteger (el ser humano, evidentemente).

Yo entiendo que no sea una idea bonita de asumir y yo repito que no me creo capaz de llevarlo a cabo, pero la verdad es que conociendo un poco la complejidad de los sistemas vivos, dudo que cualquier tipo de prueba aislada sobre tejidos pueda proporcionar la cantidad de información que proporciona la experimentación sobre animales, por mucho que nos disguste.

Otra cosa es que en algunas aplicaciones no fuera necesario, y este tipo de actividades es necesario para que muchas empresas se replanteen buscar una alternativa viable.