Hoy me ha tocado sustituir a mi hermano al frente del comedor del restaurante familiar donde trabaja junto a mis padres y acabo de llegar a casa, agotada, con los pies doloridos y los gemelos cargadísimos … y directa a la ducha porque me perseguía su olor característico (a una mezcla de comida y humo).
Parece mentira que hasta hace tres años lo hiciera cada domingo y todos los festivos, incluidas en su momento las vacaciones estudiantiles …
Es curioso como por más tiempo que pase, no me cuesta lo más mínimo recordar exactamente la forma y la intensidad en que hay que apretar el café para que salga con la espuma correcta (se nota que mi padre me lo machacó hasta la extenuación), como recuerdo la forma en que debo coger la bandeja para que mantenga el equilibrio o como colocar los platos para poder llevar tres en cada viaje a las mesas (nunca conseguí llevar más, tengo las manos pequeñitas). Sin embargo, lo que sí que he perdido ha sido el entrenamiento físico para estar tantas horas de pie y de aquí para allá en un lugar que no es demasiado grande pero que al cabo del día recorres innumerables veces.
También me he reencontrado con los clientes habituales que son lo más parecido a una familia que he tenido (en el sentido en que son molestos, no los puedes escoger y siempre se meten en lo que no les llaman y te dicen lo que no quieres oir, como por ejemplo que has ganado peso) y con los que yo no conozco pero que gracias a mi madre me soprenden porque conocen todos los detalles de mi vida.
No me gusta la hostelería como profesión (para desgracia de mis padres, a los que sé que en el fondo les encantaría que mi hermano y yo nos hiciéramos cargo del negocio al que tantos años han dedicado y lo continuáramos hasta la próxima generación) y días como éste me reafirman en que dejar ese “trabajo extra” fue la mejor decisión que pude tomar, porque prefiero las estrecheces que tuve que adoptar para compensar la disminución de ingresos pero poder disfrutar así de mis domingos como mejor me venga en gana.
Sin embargo reconozco que hoy no lo he pasado mal … Claro que precisamente se debe a que ya no lo hago todas las semanas y a que ya tengo en mente el fin de semana largo de la semana que viene para recuperarme!!








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9 lectores han dejado sus comentarios
Los sábados y los domingos son sagrados, Luci… Tener un bar, cafetería o restaurante es muy sacrificado… Porque aunque luego se disfrute de días libres, no son los que la gente de alrededor tienen libres… Y uno se acaba cansando…
Yo hubiese tomado la misma decisión… jejeje… La vida son 4 días, y hay que disfrutar todo lo que podamos y nos dejen!!!
uffffffff suena duro. Yo este verano lo que peor llevé fue currar los domingos, aunque luego tengas un día entre semana libre, no es lo mismo…
ahora respira, siéntate y descansa.
Sabes lo que pienso de la hostelería, da mucho asco. No libras festivos. No sé lo que es estar un sábado o domingo en casa, siempre me ha tocado trabajar esos días, incluso días 1 de Enero o 25 de Diciembre.
En fin… un cachondeo. Tú pringao para que los demás se lo pasen pipa. Eso no es así, sientes que llevas una vida diferente a los demás.
Cada vez me he vuelto más misántropo, no aguanto a la gente, que como bien dices, NO ESCOGES. Tienes que aguantar que cada persona sea como sea, y la verdad, no tengo buenos recuerdos de los clientes del restaurante.
Sin embargo, creo que tengo mejor recuerdo de cuando trabajé en el supermercado, de los clientes digo.
En fin, hostelería sucks, tienes que estar siempre de pie, sales tarde y estás a merced de trabajo muy variable. Encima haciendo algo que no te llena, porque… que me diga a quién le mola eso. Si, algunos lo dirán, pero casi como que no me lo creo.
Totalmente cierto Noemí … pero claro, hay sectores que no se lo pueden permitir pobrecillos!!
Ves, a mí eso no me importaría seguramente Carmncitta porque mis días festivos los puedo organizar caiga en el día de la semana que caiga … El problema es que cuando yo ocupaba mis domingos en estas tareas sacrificaba uno de los dos que tenía festivos en mi trabajo habitual!!
Ya lo hice Sunne, aunque hoy arrastro el dolor de pies aún,jeje.
Es que a tiempo completo no lo quiero ni imaginar Andrés!!
Yo siempre he dicho que la hostelería es muy sacrificada. Comprendo que no quisieras continuar con el negocio. A lo mejor una jornada como esta de vez en cuando (MUY de vez en cuando) está hasta bien, pero no como algo continuo. Descansa, niña. Besos.
Yo soy un enamorado de la hosteleria, no en vano me pague la carrera como camarero y, tras acabar los estudios, segui unos años mas ejerciendo tan noble profesion. Ahora, con el paso de los años, echo la vista atras y reconozco que es una de las mas bellas profesiones pero tambien de las mas duras y sacrificadas. Desde aqui mi mas sincero homenaje a todos/-as los/-as camareros/-as que me han puesto una sonrisa aunque tuvieran las piernas cansadas
Un saludo desde la ataraxia (que,en breve, volvera de nuevo a la carga)
Buf… No me imagino aguantando a tanta gente pesada. Yo lo paso mal cuando se me pone algún borracho delante… y si encima tuviera que hacer de ello mi fuente de ingresos casi que cambio de trabajo. Como hiciste tú, ciertamente.
No te imagino de camarera.
Es lo que quería decir The Inner Girl … hacia como seis meses de la última sustitución y por eso ha sido medianamente soportable, pero no sé como lo hacía cuando lo aguantaba cada semana!!
Merecen todo nuestro respeto y admiración Sun-T!!
Jajaja, yo tampoco me imagino Iván, pero es casi mi estado natural porque he crecido entre mesas y bandejas … Creo que es como mi alter ego,jeje.
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